Desde la llegada de la pandemia COVID-19 el mundo ha cambiado. Nos ha cambiado a nosotros, pero la situación de muchos países en otras partes del mundo ha sido mucho más dramática.

Si bien las cifras que nos llegan desde algunos lugares de África, por ejemplo, parecen decirnos que la pandemia no ha llegado con la misma virulencia que a Europa o América, no debemos dejarnos engañar. Hay que saber leer detrás de los datos y de lo que estos pueden significar para muchos de estos países.

Quizás los principales problemas y miedos entre la población se extienden, sobre todo, a la existencia de unos sistemas sanitarios poco adecuados, a la falta de información y de medidas de prevención y, en muchos casos, también a la falta de acceso a las pruebas de confirmación (tests) o a la vacunación. Y es que sabemos fehacientemente que estos llegarán, pero solo, probablemente, a una población minoritaria y, desde luego, no a los más vulnerables.

Además, si el miedo sanitario no fuera suficiente, una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos de muchos países del continente africano recae también en lo social y lo económico. Familias ya con escasos recursos y escasa posibilidad de subsistencia que, ante los confinamientos y la enfermedad, se han visto obligados a abandonar sus únicos medios de vida.

Ante esta situación, desde Fundación PROCLADE nos planteamos cómo poder ayudar a estas poblaciones haciéndoles llegar, al menos en este primer momento, una ayuda de emergencia con la que paliar la situación más inmediata. Y gracias a la Generalitat Valenciana, así lo hemos podido hacer en la República Democrática del Congo, en concreto en la capital del país Kinshasa, epicentro de la pandemia COVID-19 en el país.

Kinshasa, que cuenta con una población estimada de más de 11 millones de habitantes, vive desde hace años además una situación de hambruna crónica y más del 57% de la población no dispone de servicios básicos de abastecimiento de agua y solo el 20 % tiene acceso a servicios básicos de saneamiento.

Con la promulgación del estado de emergencia sanitaria,  esta situación empeoró de forma grave y  las familias, que necesitaban salir a la calle para buscar comida o productos para su subsistencia diaria (el 79,7 % de la población tiene un empleo vulnerable), vieron cortado su único medio de ingreso vital.

Sin  ayudas oficiales para la población, el acceso a recursos como la sanidad o materiales para la prevención del COVID19 se ha manifestado como casi imposible para la población que vive en condiciones de vulnerabilidad y pobreza absoluta, por lo que gracias este programa de ayuda humanitaria que ha entregado  kits de alimentación e higiene y  ha promovido  la instalación de 40 reservorios de agua para el lavado de manos con agua y jabón se ha logrado que más de 10.000 personas de manera directa y casi 100.000 de modo indirecto se hayan vistos beneficiados de esta intervención.

Este es solo un ejemplo, pero si quieres ayudar a que desde Fundación PROCLADE sigamos haciendo posibles proyectos como éste, puedes colaborar con nosotros a través de este formulario (haz clic aquí). También  puedes apadrinar a un niño o una persona mayor a través de este otro (haz clic aquí).