ÁNGEL GARACHANA: “HA VALIDO LA PENA ENTREGARME A HONDURAS POR MI PROPIA FELICIDAD”

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“De Honduras he aprendido la importancia del afecto en las realidades personales, a querer y a dejarme querer, a sentir con el pueblo y que una vida entregada a los demás por y a ejemplo de Jesucristo plenifica a la persona. Ha valido la pena entregarme esos años no por el bien que haya podido hacer, sino por mi propia felicidad”.

Así se expresa Ángel Garachana (Barbadillo de Herreros, Burgos, 3 de septiembre de 1944), obispo misionero claretiano, que ha estado al frente diócesis hondureña de San Pedro Sula durante 28 años y adonde volverá porque “allí voy a dejar mis huesos. De San Pedro Sula al cielo”.

Mons. Ángel Garachana ha sido el primer invitado de la nueva temporada de ‘Viaje en globo’, un programa de entrevistas impulsado por la Fundación Proclade y Solidaridad y Misión de la Provincial claretiana de Santiago. En el mes de octubre, mes misionero por excelencia y en el que se celebra la festividad de San Antonio María Claret, Garachana ha hecho un profundo pero ameno repaso de su trayectoria, de la preocupante situación de Honduras, de la vida consagrada y del pontificado de Francisco, entre otros muchos temas.

Obispo y misionero, “una síntesis de realidades”

“No he vivido una contradicción como misionero y obispo”, aseguró al comienzo de la charla, ya que “siempre me he sentido inspirado por el Claret misionero y animado por el Claret obispo. Es una síntesis de realidades”.

Más adelante habló de la vida religiosa, que debe caracterizarse por la “radicalidad en el seguimiento de Jesucristo. Él, su persona, es la causa de nuestra opción consagrada. Una vida consagrada que perdiera de vista esa entrega apasionada y amorosa a la persona de Jesucristo, que fuera solo una organización con muchas obras, perdería su razón de ser”.

A los Misioneros Claretianos les recordó el lema de los últimos años: “Arraigados en Jesucristo, audaces en la misión”.

Garachana rememoró su infancia, cuando cuajó su deseo de ser misionero claretiano, “imitando a un misionero claretiano de mi pueblo, al que admiraba por dos cosas: lo bien que predicaba y lo bien que celebraba la misa”. A los 14 años entró en el Seminario claretiano de Beire (Navarra), a los 28 años fue ordenado sacerdote, se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y en octubre de 1972 recaló por primera vez en San Pedro Sula. Después de tres años como misionero, volvió a España y durante 20 años ocupó diferentes responsabilidades en tareas de formación y de gobierno.

Era superior provincial cuando Juan Pablo II le nombró obispo titular de San Pedro Sula, cargo del que tomó posesión en 1995. Pasó a ser emérito el pasado enero de 2023, cuando el papa Francisco aceptó su renuncia por motivos de edad.

Entre medias, 28 años en los que su programa pastoral se ha fundamentado en “anunciar el Evangelio de la vida”: “Anunciar el valor sagrado de la persona humana. Respetar, cuidar, promover y celebrar la vida era anunciar a Jesucristo. Y, juntamente con el anuncio, las obras: trabajar por la paz en el ambiente juvenil, proyectos de paz en las comunidades más conflictivas. Y la denuncia, por palabra y por escrito, de las situaciones de violencia como contrarias al Evangelio”.

“Las maras no tienen fácil solución”

Sus tres preocupaciones y deseos para el país son “la evangelización de los pobres, una Iglesia de comunión y una sociedad más fraterna, y Dios presente en todo y todo vivido en Dios”.

Garachana ha hablado del gravísimo problema que suponen las maras, “una realidad muy dura y dolorosa que no tiene fácil solución. Hoy en día no son grupos de jóvenes violentos, sino una estructura criminal y organizada vinculada al narcotráfico y el tráfico de armas y vinculada a la extorsión. Pero hay que afrontar el problema desde la raíz, acercarse a las causas de esos jóvenes para entender por qué se meten en estas organizaciones. En la medida que tengamos una juventud con trabajo y educación, no necesitarán introducirse en esos grupos”.

Sobre el también grave asunto de las migraciones, considera que “el hondureño preparado es el mejor empleado. Hay que dar esperanza a los jóvenes, proyectos de educación y desarrollo para que se queden en el país”

Evangelii gaudium es Aparecida para toda la Iglesia”

Garachana ha relatado su experiencia en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM) en Aparecida. “Fui con ganas y preparado, me metí de corazón. Al regresar, hice tantos esfuerzos por darlo a conocer, que unas religiosas se reían de mí: ‘Ahí viene El Aparecido’”.

“Todavía llevo Aparecida en el corazón. Creo que significó un avance muy importante de los planteamientos de la Iglesia latinoamericana”, asegura Garachana. Fue allí donde conoció al entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, que presidía la comisión central que redactó el Documento Final de Aparecida”.

Preguntado por las similitudes entre aquel Documento Final y Evangelii gaudium –primera exhortación apostólica de Francisco–, Garachana expresa sin titubear: “Evangelii gaudium es Aparecida para toda la Iglesia. El espíritu es el mismo”

Sobre el Sínodo de la Sinodalidad

Con respecto al Sínodo de la Sinodalidad, opina que “todo es un proceso de unidad y evolución en el pontificado de Francisco, con ese núcleo de Iglesia en salida”.

“Lo que quiere el Papa, a mi entender, es que la Iglesia vaya siendo cada vez más fiel a sí misma y a su identidad de Iglesia de Jesucristo, donde el Jesús del Evangelio esté en el centro, y desde él, todos participamos. Así se hace la comunión, en la diversidad de comuniones, carismas y servicios, donde se incluye a todos los bautizados”.

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