Desde 1970, cada 22 de abril se conmemora el Día Mundial de la Tierra para tratar de concienciar sobre la necesidad de proteger el medio ambiente. Una conmemoración que cada año cobra más y más sentido, sobre todo por la creciente preocupación que hay en torno al cambio climático y a la urgencia de salvar a nuestro planeta, el único que tenemos, del desastre ecológico al que estamos llevándolo.

Existen multitud de poblaciones vulnerables, en su mayoría indígenas, cuya principal fuente de recursos no es otra que la propia Madre Tierra, o como ellos la llaman, su Pachamama. El derecho a la Tierra, el territorio, y los recursos naturales que en éste se encuentran, es primordial para todas las comunidades indígenas. Esto se debe principalmente a la conexión directa que guarda con el derecho a la vida, puesto que, si se les arrebata su territorio, sus condiciones de vida empeoran, llegando incluso a provocar una falta de recursos que puede repercutir directamente en sus vidas. Por tanto, existe una relación causal entre la pérdida de sus tierras y las situaciones de discriminación, marginación, falta de desarrollo y oportunidades que han vivido y viven las comunidades indígenas.

En Fundación PROCLADE trabajamos día tras día para mejorar las condiciones de vida de las personas y seguiremos haciéndolo, pero también somos conscientes de que, para que pueda producirse un desarrollo real a nivel global, tenemos que guiarnos por un objetivo que ha de estar presente en todos nuestros proyectos: trabajar siempre favoreciendo el cuidado de nuestro planeta. Desde nuestra humilde misión, tratamos de tomar decisiones que nos lleven por el camino más sostenible y ecológico posible. Desde proyectos que incentivan actividades agrícolas a pequeña escala que no emplean productos químicos, hasta proyectos en los que la vida de la población beneficiaria gira en torno a los recursos naturales que brinda la Tierra, como es el caso del río Atrato, en Colombia, o el río Mamoré, en Guayaramerín, Bolivia.

La falta de compromiso ecológico por parte de las empresas multinacionales, gobiernos y ciudadanos supone un enorme riesgo para todas y todos. Nuestros océanos se llenan de plásticos, la temperatura media del planeta asciende, los polos se deshielan aumentando el nivel del mar y las catástrofes naturales no paran de sucederse, cada vez con más frecuencia. Es bastante razonable pensar que todo ello son señales de la Madre Tierra, su único modo de pedir auxilio para que paremos este ritmo frenético de contaminación y extracción de recursos.

Según científicos de Naciones Unidas, estamos a 9 años de llegar a un punto de no retorno en lo referente al cambio climático. Tomemos conciencia de lo importante que es ponerle freno, no ya pensando en la especie humana que ahora vive, sino en las generaciones futuras.

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Nacho Romero, Base Social y Campañas.