El río Atrato forma parte de un territorio multicultural y pluriétnico, habitado mayoritariamente por comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas. Además, es considerado una de las zonas más ricas en recursos naturales y biodiversidad del planeta, y una de las más lluviosas, consagrándose como el río con más caudal del país colombiano. Por lo anterior, es el tercer río más navegable de Colombia, siendo el canal principal de tránsito de las personas que habitan a sus alrededores y, por tanto, el corazón del territorio.

El Atrato cruza de norte a sur el departamento del Chocó y colinda en varios tramos con el departamento de Antioquía. Por la longitud del río, es reconocido en tres tramos: Alto Atrato, Medio Atrato y Bajo Atrato. Este último tramo tiene salida al Océano Pacífico y al Mar Caribe, y conecta el cono sur de América Latina con América Central ya que es el único lugar del país que hace frontera con Panamá.

A pesar de su riqueza natural y su posición estratégica, es uno de los lugares con más ausencia institucional, deficiencia de infraestructuras y falta de acceso a servicios básicos del país. No obstante, sí es una zona codiciada por los grupos armados y el narcotráfico.

La presencia de estos grupos armados ilegales en el río Atrato está desencadenando continuos conflictos en lo que la violencia es la protagonista. Como consecuencia, está habiendo una violación directa de los derechos humanos de las comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas que conviven en esta zona, dando lugar a desplazamientos masivos, sumisión y violencia hacia las mujeres, asesinatos de líderes comunitarios, control y expropiación de territorios ancestrales, entre otras vulneraciones. Otra de las prácticas coactivas que están estableciendo son las “vacunas”, donde estos grupos armados extorsionan a la comunidad pidiéndole un pago por su “protección”.

La violencia por parte del ser humano no es el único punto de conflicto y vulnerabilidad, también los son las prácticas extractivas de recursos minerales que se realizan en el territorio, donde mucho de sus residuos químicos acaban vertidos en este canal que es utilizado en el uso cotidiano de las personas que lo colinda. Así mismo, es una zona azotada por las inundaciones y en estos últimos años, por el COVID-19.

En este contexto es donde se sitúa uno de los proyectos donde estamos trabajando junto a Proclade COLVEN, nuestra contraparte en Colombia, y que mayor impacto está teniendo en las comunidades donde se desarrolla el conflicto.
Con la colaboración de la Comunidad de Madrid, el Principado de Asturias, el Ayuntamiento de Mozón y el Ayuntamiento de Elda, ha sido posible elaborar una intervención donde poder dar respuesta a la crisis humanitaria que existe en el territorio, a través de un programa diseñado de forma participativa con las comunidades. Este programa trata sobre la gestión, reducción de riesgos y capacitación en técnicas de resiliencias ante los efectos del conflicto armado. Este objetivo está siendo fundamental para impulsar la resiliencia de los territorios ya que no existe centro de salud cercano a las comunidades más afectadas por esta situación de violencia.

Para ello, se está capacitando a personas de diferentes comunidades para formar brigadas de salud que puedan dar una respuesta cualificada y eficaz a los riesgos del conflicto armado y de los desastres naturales y dotación de kits de emergencias para los espacios comunitarios, con el fin de que puedan permanecer en sus territorios a través de la resistencia pacífica y seguir con su labor de incidencia para el reconocimiento de sus derechos.

Irene Begara

Técnica de Cooperación al Desarrollo y Ayuda Humanitaria.