Es triste ver el presente, el sufrimiento innecesario de los habitantes de Sudán del Sur. Muchos pasan hambre, no tienen hogar y la mayoría son muy pobres – excepto en espíritu. Afortunadamente, la Iglesia, Naciones Unidas y las agencias de ayuda siguen ayudando a la gente. La semana pasada se publicó un informe en el que se afirmaba que Sudán del Sur se enfrenta a la peor hambruna desde su independencia, con 4,6 millones de personas en situación de emergencia alimentaria, lo que supone aproximadamente el 40% de la población. El informe señala también que la situación sería aún peor si no fuera por la ayuda de las ONGs Y aunque la entrega de dicha ayuda es esencial, no es suficiente. Es importante no centrarse en la supervivencia, sino también en crear oportunidades para que el pueblo de Sudán del Sur saque a su propio país adelante. Y es para eso para lo que trabaja Solidaridad con Sudán del Sur: para entrenar a profesionales del campo de la salud y la educación, para aumentar la calidad de las actividades pastorales, y para ayudar a las personas a impulsar la agricultura autosostenible. Mi buen amigo y mentor, ya fallecido, el hermano Damien Harvey, escribía una vez estas líneas:

“Nos hacemos viejos no por cumplir años sino por abandonar ideales. Los años puedes arrugar la piel, pero la pérdida de entusiasmo arruga el espíritu. Nosotros los cristianos, vivimos con la virtud de la esperanza, que es la capacidad de soñar. Y cuando la perdemos, empezamos a morir por centímetros”.

Es importante continuar soñando para vivir con la esperanza de un mundo mejor. Este optimismo impregna nuestra formación en salud y enseñanza y nuestras actividades pastorales… La situación de este país está todavía lejos de nuestro ideal pero nuestra presencia trae la esperanza a la gente. Nosotros animamos a los estudiantes a tener ideales. Las oportunidades que les damos generan entusiasmo y ellos están dispuestos a aprender. Además, nuestros programas agrícolas están ayudando a la gente a aprender mejores técnicas de cultivo, mejores métodos de procesamiento y almacenamiento tanto de alimentos como de semillas para el año siguiente.

Ahora somos 28 religiosos de 19 congregaciones y 16 países diferentes además de dos abogados voluntarios trabajando en Sudán del Sur. Estamos aquí para ayudar a la próxima generación a saber que la paz y la prosperidad son posibles. Muchos de nosotros no teníamos amigos de naciones africanas antes de venir aquí, lo que también hemos aprendido a apreciar la riqueza de cada cultura y a disfrutar de la unidad en la diversidad. Nuestras comunidades mixtas de laicos y religiosos; de hermanas, hermanos y sacerdotes; de hombres y mujeres; de lo antiguo y lo no tan viejo; de Europa, África, Asia…; todos viviendo juntos funciona bien. No son perfectos, pero hay buena voluntad y la empatía necesaria en todas las relaciones humanas. Tratamos de ejercer la tolerancia y la aceptación de la diversidad, algo que las tribus de Sudán del Sur deben llegar a comprender.

Hermano Bill