Cuando era niño en el colegio, y luego en la Universidad, estudié la obra de William Shakespeare, Hamlet. En el Acto II, Escena 2, hay un monólogo, en el que el príncipe Hamlet dice: “Qué gran obra es el hombre! ¡Qué noble su razón! ¡Qué infinitas sus facultades! ¡Qué expresivo y admirable en su forma y sus movimientos! ¡Qué semejante a un ángel en sus acciones! Y en su espíritu, ¡qué semejante a Dios! … ¡La belleza del mundo; el más perfecto de los animales! Sin embargo, para mí, ¿qué significa esta quintaesencia de polvo? El hombre no me deleita …, no; tampoco la mujer …”

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Mis padres nunca lo expresaron igual que Shakespeare, pero de alguna manera entendí de ellos que los hombres y las mujeres son obras maestras hechas con la capacidad de razonar, comprender, y actuar como los ángeles, tan semejantes a Dios. Vi esto en mis maestros en la escuela, y en Los Hermanos Cristianos de La Salle, y decidí unirme a ellos. He tenido el privilegio toda mi vida de trabajar con los niños, los ángeles vírgenes de este mundo, sonrientes recordatorios del amor de Dios. Pero ahora me encuentro en el Sudán del Sur, y me pregunto ¿Cómo puede el hombre llegar a tan mal? ¿Cómo puede la gente de un país con una gran fe cristiana, y las Iglesias desbordantes de niños, de confianza y jóvenes optimistas, infligir tanto dolor y sufrimiento a los demás?

El pueblo de Sudán del Sur sufrió hace poco más de 40 años una guerra antes de que se alcanzara el acuerdo de Paz en 2005, seguido por la independencia en 2011. La gente era optimista por tener un futuro próspero. Lucharon duro para lograr la libertad del régimen de la zona norte que estaba casi bajo el dominio islámico. Sin embargo, a finales del 2013, estalló la lucha entre rivales políticos que abrieron divisiones étnicas con una brutalidad incalificable. Muchas personas inocentes fueron asesinadas o desplazadas de sus hogares. 

Una vez más en Shakespeare, Julio César, acto III, escena 2, Marco Antonio se lamenta de la muerte de César con estas palabras: “¡Oh raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón!’ No había ninguna razón para nuevos combates en Sudán del Sur . Tan sólo una pérdida de la razón de los hombres por el poder. Decenas de miles de personas fueron asesinadas. Durante el 2014, se celebraron conversaciones en Addis Abeba y se firmaron acuerdos de paz, para ser ignorados en gran medida por los generales (en realidad los líderes de las milicias) en los campos de batalla. La temporada de lluvias, sin embargo, humedeció las hostilidades a mediados de 2014 y un enfrentamiento entre tropas gubernamentales y rebeldes se ha desarrollado sin un acuerdo de paz eficaz.

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En el año 2015, ha habido menos combates pero las divisiones y el interés propio se han vuelto aún más evidentes. Familias de Sudán del Sur, que normalmente muestran gran capacidad de vivir juntos en paz, ahora han sido destrozadas por los soldados de su propio bando. Los que estaban supuestamente protegiendo a su propia tribu ahora la están destruyendo.

En los últimos quince días, los combates han estallado de nuevo en Malakal. En los primeros meses de guerra civil, fue devastada por ondas alternas de rebeldes y las tropas del gobierno. La mayor parte del 2015, sin embargo, Malakal ha estado bajo el control del gobierno. La población, sin embargo, no ha dejado de ser evacuada en gran medida a los pueblos de los alrededores o bajo protección de la ONU. Una vez más, la gente ha tenido que huir, ¡no de los rebeldes, sino de facciones rivales en el ejército del Gobierno!

Mientras tanto,  los costes de los productos importados han ido aumentando rápidamente a medida que la moneda de Sudán del Sur pierde valor frente al dólar. Dado que la mayoría de los alimentos y otros bienes vendidos en Sudán del Sur procedían de países vecinos, el impacto económico de la guerra está siendo sentido por todos.

La vida humana está infravalorada en Sudán del Sur. Tenemos que trabajar para construir una visión basada en la dignidad de los seres humanos, creados a imagen de Dios. Esta es la clave para establecer una paz duradera y que la sociedad prospere en el Sur de Sudán. Se puede hacer. Hay que hacerlo.

 

– Hermano Bill.