Cuaresma es un tiempo propicio para la fraternidad. Decimos en la liturgia que nos proponemos en estos días «avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud». Y efectivamente ese es el contenido del itinerario cuaresmal.
La humanidad está sedienta de fraternidad. Es su vocación, aunque muchos signos nos anuncien que es una fraternidad dormida. Por eso es tan urgente despertar ese sueño que hace real la vocación de pueblo de la Alianza. Y además hemos de hacerlo superando la tentación de las palabras: ¡sabemos decir tantas cosas sobre la fraternidad!, para fijarnos en la Palabra. Aquella que sustenta y hace vida gestos y actitudes de Reino.

Dice el papa Francisco que la pandemia nos ha dejado una enseñanza positiva y es la conciencia de que en la vida hay pocas cosas esenciales. Es el momento de apoyarse en ellas y hacerlas fecundas. Sin duda, hemos aprendido mucho del valor de la fraternidad o ser con otros, pero también quedan en nosotros gérmenes de egoísmo y de visión miope que nos lleva a pensarnos u ofrecernos como paradigma para otros.

Nos ha inspirado la reconstrucción de la fraternidad, Fratelli tutti. Concreta, directa e inspirada. Una nueva visión que nos invita a salir de lo conocido y a recrearnos comprometidos, como humanidad, en la amistad social y la casa común. Buen
signo de ello son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que ponen luz sobre la necesaria salida de una visión intimista del compromiso cristiano para hacernos corresponsables de la construcción de un mundo-hogar.
Es el momento de levantar la mirada, reconocernos plurales, distintos, pero en un camino común. Es el momento de reconstruir nuestra «casa común» sin privilegios de socios, para poder ser hermanos. Cuaresma es el momento de la fraternidad, aquella que es posible y real y se manifiesta en las búsquedas sinceras que toda persona, de momento, guarda en su corazón. La Palabra de estos días, meditada y acogida, creará un clima posible para que cada uno –cada una– abra su verdad.

Y esta, iluminada por Dios, se convierte en signo de la riqueza de ser humanidad complementaria y fraterna llamada a caminar bajo la inspiración del Espíritu. El que hace posible que toda divergencia se transforme en riqueza.
¡Buen camino cuaresmal!

Luis Alberto Gonzalo Díez, cmf.
Director de la revista Vida Religiosa

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