“La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar la vida a los demás”. Esta frase de S.S. Francisco, en la Evangelii Gaudium: La alegría del Evangelio, resume seguramente, el impulso que los voluntarios de este año hemos sentido al decidirnos a participar activamente, ofreciendo nuestro tiempo e ilusiones, para construir juntos la paz, la justicia y el desarrollo para Todos.

Con humildad, recogimos el guante que nos ofrece PROCLADE de formarnos con esta corta e intensa experiencia de verano en Honduras, que nos ayude a tocar y sentir de cerca la situación de los más desfavorecidos. Y se nota la experiencia de los misioneros claretianos, llevándonos de la mano, para canalizar impulsos e ilusiones que puedan ser más útiles en nuestros proyectos personales y a las personas que allí conoceremos. En este sentido, ha sido extraordinaria la preparación que hemos realizado en tres encuentros, en sendos fines de semana. Tres encuentros muy bien pautados en sus contenidos para producir un proceso de crecimiento personal en cada uno de nosotros.

En el primer encuentro, reflexionamos sobre nuestra personalidad, el por qué vamos de voluntarios, si es nuestro momento de vivir esta experiencia personal que nos proponen y tener un primer contacto con el grupo y los misioneros que nos acompañarán. Compartimos nuestras ilusiones y nuestros miedos y empezamos a conocernos. Nos dieron más tiempo y razones para que decidieramos más profundamente si queríamos continuar. No se trata de salvar el mundo en un mes, sino de comenzar un camino personal en apasionarse por la misión de comunicar la vida y compartirla con los demás.

En el segundo encuentro, comenzamos a “Conocer Honduras”, su realidad socio-económica y política; saber que vamos a colaborar con algo que se esté haciendo y en lo que nos necesiten.
Compartimos una exquisita cena hondureña, cocinada con muchísimo cariño por la familia Benavides, nuestros amigos, que además nos contaron algunas costumbres de su país. Una velada entrañable y divertida que les agradecemos enormemente. Descubrimos las claves del trabajo allí: “disfrutar de las personas”, “importancia de los Delegados de la Palabra y animadoras de la comunidad” y “somos misioneros” (trasciende nuestra individualidad).

Y llegó el tercer encuentro, en el que hablamos de los asuntos prácticos, la seguridad, el trabajo concreto, la distribución de tareas y acuerdos de convivencia.
Concluímos que esta formación nos ha servido, sobre todo, para conocernos, convivir y cooperar; orientarnos sobre con qué nos vamos a encontrar y preparar el material necesario allí.

A mí personalmente me emociona haber conocido a Javier, Jose Manuel, Fernando, Beatriz, Isaías, Charo, Juan, Inés y Mariela; sin olvidarme de Anaclara y Jorge, que también vendrán como veteranos con nosotros. He disfrutado y aprendido mucho de todos vosotros. ¡Esto puede ser el principio de una bella amistad! ¡Deseando compartir con vosotros y los hondureños esta maravillosa experiencia!

Gracias a todos, especialmente a Javier Goñi Cmf, José Manuel Sueiro Cmf y a los misioneros claretianos, os quiero mucho y me habéis hecho muy feliz.

Ángela.