Dos décadas trabajando por la paz, la justicia y el desarrollo de los pueblos dan para conocer muchas realidades y muchos países. De hecho, en estos 20 años hemos realizado proyectos en más de 30 países de América, Asia, África y Europa. Y en cada uno de esos países hemos conocido comunidades, pueblos, aldeas… que nos han enseñado la importancia de trabajar con la esperanza puesta en otro mundo posible. 

Precisamente, una de las voluntarias que viajó a Honduras el pasado verano lo describía así: ‘En Honduras la VIDA se respiraba a cada minuto. En los campesinos que la primera semana nos abrieron sus puertas en aquella aldea de Nueva Suyapa y nos mostraron cómo a través del huerto comunitario trabajan por construir un futuro juntos; en la prisión de Tela a través de pequeñas conversaciones que dejaban entrever un pasado duro y un futuro de esperanza; en las noches en casa de tantas familias que nos arropaban con sus historias de lucha y superación y compartían con nosotros lo que tenían o, simplemente, en la sencillez de lo cotidiano, del amanecer entre gallos, perros y vacas’.

A todos los que inspiran estas palabras, a los pueblos del Sur les damos las GRACIAS.