Ha sido una grata sorpresa descubrir que todos los años, el 13 de noviembre, se celebra el Día Mundial de la Bondad o Word Kindness Day. Buscando en internet, he aprendido que esta conmemoración surgió hace mucho tiempo, pero fue en el año 1997 cuando toma forma en Tokio (Japón), promovida por el movimiento internacional “World Kindness Movement” (WKM). Desde entonces, viene celebrándose en muchos países del mundo.

El día Mundial de la Bondad tiene como propósito hacer un llamamiento para ser felices y contribuir a la felicidad ajena. Personalmente, creo que todos los días deberíamos aprovechar la oportunidad de alcanzar la felicidad y compartirla con los demás.

¿Pero, qué es la bondad?

Hay miles de definiciones: “es la inclinación o tendencia natural a hacer el bien”, “es una cualidad de las personas que refleja la naturaleza del ser humano, su esencia verdadera”, o “quien posee bondad es aquella persona que siente compasión por el prójimo, que se interesa por sus necesidades y no duda en ayudar de manera desinteresada”, y de ahí muchas más.

Sin entrar en definiciones estáticas, quizás lo mejor es que en realidad, si queremos, la “bondad” está al alcance de todo el mundo y que todos podemos experimentar ese sentimiento. No hay una receta única para conseguirlo.

Hoy quiero compartir con todos vosotros mi versión de la bondad. Porque sinceramente, veo bondad todos los días: en la labor cotidiana, en el compromiso, y en la entrega de nuestros voluntarios y nuestras voluntarias de los programas de apadrinamiento que, con sus gestos y acciones, alegran el día de niños, niñas y adultos.

Os hablo de María del Carmen (voluntaria del centro educativo La Milagrosa, en Tela, Honduras), de Benita (voluntaria del grupo misionero de Bermejo, Bolivia), de Marco, Rina y Rita (voluntarios en los centros educativos de La Ceiba, Honduras), de Edith (voluntaria en los centros escolares en Armenia, El Salvador), de Dania (administradora de la Residencia de adultos mayores German Mier Callejas en Tela, Honduras), sólo para citar algunos de ellos.

A través de sus actividades, fotos, vídeos y notas, me hacen partícipe de sus logros y de sus inquietudes. El abanico de intervención es muy amplio; se desarrollan acciones formativas, de acompañamiento emocional, de participación comunitaria, de sensibilización ambiental, así como de ayuda alimentaria y sanitaria.

El objetivo final es el mismo; que los niños y niñas, las personas mayores, así como las comunidades a las que pertenecen, puedan beneficiarse de estas acciones humanitarias y que nadie se sienta sólo, abandonado y excluido.

Al contrario, los encuentros escuela – familia, las actividades lúdicas, las charlas formativas, las celebraciones, están pensadas para responder de manera integral a la diversidad de intereses y necesidades, y a la vez fortalecer la participación comunitaria y el sentido de pertenencia.

Creo que los gestos y las acciones cotidianas pueden generar ese impacto social positivo que tanto necesitamos, y la sonrisa de quien los reciba, es el mejor regalo.

Por eso mismo, os quiero dejar con la sonrisa de sus protagonistas.

¡Muchas gracias por estos momentos de alegría!

Sara Cantalini
Técnica de Base Social y Campañas de Fundación PROCLADE