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UNA TAZA DE TÉ

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Como todos sabéis, PROCLADE lleva ya varios años trabajando en proyectos en Sudán del Sur, junto con  PROYDE y SED, con quienes formamos la plataforma española “Solidarity with South Sudan”. Desafortunadamente, tras el estallido del conflicto civil en diciembre de 2013, la situación de violencia e inseguridad que se está viviendo allí en los últimos tiempos está afectando gravemente a nuestras contrapartes y, por tanto, a todos los proyectos que llevamos a cabo.

Recientemente, las Naciones Unidas advirtieron que la crisis del hambre en Sudán del Sur está empeorando considerablemente y culpa a las diversas facciones implicadas en el conflicto de no encontrar una solución pacífica a la guerra civil que está aconteciendo.

Nuestro colaborador y responsable de la plataforma “Solidarity with South Sudan”, Br Bill, nos relata con detalle la situación que están viviendo allí:

“Normalmente, solemos asumir que lo básico que necesitamos para vivir siempre va a estar ahí. No es así en Sudán del Sur, donde muy poco se puede dar por hecho.

Cuando llegué por primera vez a este país, en el año 2009, me instalé en la ciudad de Malakal. La mayoría de la gente solía cocinar con carbón pero nosotros éramos afortunados de poder utilizar gas. Es muy cómodo simplemente encender o apagar un hornillo cuando lo necesitas. Cuando el gas ya no era una opción, utilizábamos carbón, que es una forma de cocinar mucho más lenta y menos beneficiosa para la salud. Cuando encendíamos el generador o cuando había electricidad en la ciudad, podíamos utilizar placas eléctricas En esos tiempos, había electricidad en Malakal por las noches. En Juba, donde vivo ahora, había electricidad en la ciudad todo el día pero, hoy, la electricidad en la ciudad es sólo un bonito recuerdo. Hemos conseguido instalar un sistema solar propio pero no tiene la suficiente potencia para poder cocinar en una placa u horno eléctrico.

En la mayoría de nuestras casas e instituciones, el carbón o la leña es lo que se usa para cocinar. Es imposible conseguir bombonas de gas fuera de Juba. Hemos conseguido mantener un mínimo de gas en las ciudades de Wau, Yambio y Riimenze pero sólo para usarlo de manera esporádica. Uno no puede ir a la ciudad para renovar el suministro; el carbón lo traen de las zonas rurales. Es bastante común, o al menos lo era, ver camiones cargados de grandes bolsas de carbón dirección a Juba. Fabricar y vender carbón era la principal actividad de la gente de las aldeas.

En medio de la subida del precio de los alimentos, la escasez de gasóleo y gasolina conduce a un incremento masivo del coste del transporte público, además, están, la gran devaluación de la moneda local y la inseguridad general. Con todo esto, pensábamos que las condiciones de la gente no podrían ser mucho perores. Pero nos equivocábamos. En el último mes el precio del saco de carbón en Juba ha incrementado considerablemente. Uno de los hombres que vive en un campo de protección de civiles (POC) nos contaba recientemente que no pueden cocinar durante varios días. En los POC el coste de una bolsa de carbón es de alrededor de 24USD. Puede que a muchos países esto no les suene de nada, pero cuando los salarios son bajos, la supervivencia se convierte en un verdadero problema. Por poner un ejemplo, hace poco los jueces han estado en huelga porque sus salarios no superan los 100USD. Y la mayoría de los sudaneses tiene sueldos bastante inferiores a éstos. ¿Cómo pueden estas personas hacer frente a la subida de precios del carbón?

Nuestro leal trabajador Emmanuel tiene 4 hijos en casa, además de su mujer más unos cuantos miembros de su extensa familia. Él estima que utiliza un saco de carbón a la semana; otros, con menos personas a su cargo, dicen que un saco les puede durar de 3 a 4 semanas si lo van controlando. En cualquier caso, es fácil entender por qué el gran incremento de los precios está alarmando a la población. ¿Por qué pasa esto? Inseguridad. A menudo, muchos productores de carbón son asaltados y saqueados, bien yendo a las ciudades o bien llegando a su casa con el dinero de la venta. Esto supone una escasez aún mayor de carbón. Entiendo que para algunos utilizar carbón no es la mejor manera de cuidar el medioambiente, pero, para los que vivimos en Juba, es un escenario indeseado ante la falta de alternativas. 

La portada de un reciente artículo publicado por Amnistía Internacional llevaba la siguiente declaración en grandes letras en negrita: “Si los hombres son raptados serán asesinados; si las mujeres son raptadas, serán violadas”. En otro artículo se dice que en una encuesta realizada en 2015 por UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas) encontraron que el 72% de las mujeres que viven en los campos de Protección a Civiles de Juba han sido violadas desde que el conflicto estalló, la mayor parte de ellas fueron violadas por la policía y los soldados. El miedo se está apoderando de la gente. Muchas personas sufren verdaderos traumas, pero la mayoría intentan apartarlo de su mente y seguir adelante con su “apacible” vida. Pero, ¿cómo alguien puede permanecer “feliz” cuando ni siquiera puedes permitirte el lujo de hervir un poco de agua para una taza de té? ¿Cómo puedes estar sano cuando no puedes cocinar para ti y tu familia o no puedes esterilizar el agua que vas a beber? Muchos en Sudán del Sur están acostumbrados a vivir con una dieta simple y escasa y con hambre, pero para muchos la vida será mucho más dura si ni siquiera pueden cocinar “porridge” o disfrutar de una taza de té”.

 
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