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NO TAN FELIZ NAVIDAD EN SUDÁN DEL SUR

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Fragmentos del mensaje enviado por el Hermano Bill.

La Navidad está llegando y todos tenemos esperanzas de un “tiempo feliz”. En Sudán del Sur, incluso ateos, agnósticos y personas de otras religiones no cristianas celebran las fiestas navideñas al igual que aquí celebramos las fiestas musulmanas.

En el país sigue habiendo mucha gente hambrienta, que con suerte disfrutan de una comida al día. Parecen estar viviendo el Ramadán, pero no un mes de ayuno sino un año entero. Aquí ya he aprendido un nuevo gesto en varios idiomas: juntar los dedos y alzarlos a la boca indica hambre y viene a decir: “Por favor, ayúdame a conseguir algo de comida”. Y aunque la situación es bastante mala en la capital, en las zonas rurales es todavía peor. Y es que cuando la inestabilidad aumenta, los viajes por carretera se vuelven inseguros; en ocasiones se paran a los vehículos para robarles todos los bienes de valor, incluidos los alimentos, así que es difícil para los comerciantes traer comida y las tiendas tienen poco que vender. Como consecuencia, los precios se inflan.

Por su parte, el pueblo se siente impotente. Maestros y médicos protestan ante el impago de sus salarios e incluso han llegado a la huelga. Medidas que han llevado incluso a que 30 maestros sean condenados a un mes de prisión y a una multa.

Los desafortunados no tienen trabajo. Los afortunados tienen trabajo. Los más afortunados se les paga por su trabajo. Y los muy afortunados, reciben aumentos salariales para compensar la devaluación de la moneda local. Incluso hay quien quiere pagar a sus trabajadores y no puede ya que ahora los bancos están limitando la cantidad de dinero que puede ser retirada (unos 200 dólares por día y se cobra 10 dólares por retiro). Así, muchas personas están haciendo varios viajes al banco, generando largas colas y gran tiempo perdido.  Pero no hay que olvidar que la mayoría de la gente aquí no tiene cuentas bancarias: no tiene nada que depositar. Su principal problema es que viven con el temor de que les roben lo poco que tienen.

Pese a todo, la gente ha aprendido a apreciar lo poco que tiene, incluyendo el don de la vida misma. Los sudaneses sureños saben lo que es nacer en un establo, soportar el sufrimiento pero disfrutar de celebrar juntos.

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