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UGANDA: UN VIAJE LLENO DE CONTRASTES

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DIARIO DE VIAJE DE LUIS ARRIBAS, CLARETIANO, EN SU VISITA A UGANDA

Día 1. 29 de diciembre

Después de 14 horas y media de vuelo, 9 de espera en el aeropuerto y 4 de coche llegamos al filosofado claretiano de Uganda. En poco tiempo, tres continentes y un mosaico muy rico de razas colores y culturas diferentes que daban a la espera su atractivo.

Aunque es conocido, resulta novedoso y cuestionante, comprobar en tan pocas horas, el contraste tan llamativo y desproporcionado entre el lujo, los rascacielos y el derroche de Dubai y la pobreza, la sencillez y las construcciones que nos han acompañado desde que pusimos el pie en África. Como icono que anticipa lo que nos encontraremos en estas tierras, sirve el viaje de cuatro horas en coche desde el aeropuerto al filosofado claretiano de Jinja. Para no parpadear, lo que nos han brindado sus cunetas.

Ahora toca descansar y digerir. Al finalizar el día, damos gracias a Dios por la acogida y atención de nuestros hermanos claretianos.

 

Día 2. 30 de diciembre

De nuevo en esa carretera de contrastes donde se mezcla la alegría, el movimiento, la fiesta con la tristeza, el aburrimiento de personas sentadas viendo pasar la vida. Una cuneta que brinda la imagen de niños corriendo, conciertos improvisados, vendedores ambulantes, abuelas sobreviviendo asando unas mazorcas o vendiendo cuatro piezas de frutas, peluqueros en cabañas de madera, motos-taxi cargados a menudo con tres adultos y un niño o con bultos que apenas les permiten mantener el equilibrio. Una cuneta que se convierte en espejo de nuestro mundo que a tantas personas condena a los márgenes de la injusticia, la indignidad, la desigualdad y la violencia, personas a las que no les es permitido soñar porque mientras sobreviven no les queda espacio para lujos imposibles.

Por la tarde pudimos acercarnos a familias y niños que viven en sus inmediaciones con los que jugamos y nos fotografiamos. Mujeres pobres con más de diez hijos, niños recogiendo, en bidones poco saludables, agua potable del pozo financiado por PROCLADE e instalado en la parroquia. Una parroquia que cuenta con un centro de medicina natural, una granja destartalada con unos pocos animales para consumo propio o destinado al mercado de cuneta, un intento de huerta y un internado para chicas dirigido por franciscanas.
Finalmente, escuchamos el coro que ensaya para la celebración de final de año; un puñado de mujeres con algún hombre dirigiendo y niños al abrigo de sus madres.

Ya en la soledad de la noche y arropados con la nana de los ruidos que esta naturaleza nos brinda, conciliamos el sueño y damos gracias a Dios por lo visto y vivido.

Mañana más.

 

Día 3. 31 de diciembre

Hoy quiero invertir el orden del día y empezaré por la celebración que acabamos de tener para despedir el año. Imaginaros una Iglesia a tope de niños, jóvenes y adultos cantando a varias voces estilo gospel acompañado solo de timbales y un pequeño teclado. Una asamblea bailando, danzando y acompañando con palmas, monaguillos revestidos y descalzos por el altar, un grupo de niños vestidos con sus mejores "galas" para recibir el bautismo. Una celebración intensa que nos ha llenado de emoción y en la que nos hemos sentido arropados y acogidos. En fin un regalo que nos ha hecho corroborar que la fe hace familia y rompe cualquier frontera.

Por la mañana pudimos acercarnos a tres proyectos de desarrollo que están en la parroquia.

Primero, un centro de medicina natural donde cuatro mujeres hacen lo posible por sanar con menos de 12 € a las personas que se acercan con la salud quebrantada y la esperanza de recobrar un poco de vida. 12 € que dan para 7 días de estancia con la alimentación, el tratamiento de magnetoterapia, masajes con ungüentos y aceite de hierbas, reflexología e infusiones varias.

El segundo, es un centro de educación secundaria de formación profesional para iniciarse en la fontanería, electricidad, construcción y peluquería. Proyectos afectados por deficiencias y el desgaste que la falta de fondos ocasiona pero que les mantiene la lucha y la esperanza de sacar adelante a la personas más necesitadas.

Por último, un proyecto que mezcla la agricultura, la ganadería y la apicultura buscando una formación integral a muchos campesinos y gente sencilla de la zona. Tres proyectos diferentes que atienden a tres campos fundamentales es nuestra idea de desarrollo integral.

Ahora cerramos el día y el año sin uvas, ni campanadas, ni brindis de champán y sin glamour, compartiendo unos refresco, un bizcocho casero y un cerdo cocinado en compañía de los claretianos y unas religiosas de la zona con la que compartimos misión y vida.

Feliz año a todos.

Día 4. 1 de enero

Antes de comer nos acompañó el director de una escuela pública de primaria que está al lado de la parroquia. Acogimos su lamento por el deterioro que sufría al no disponer de fondos para mantenerla. Nos despedía expresando su esperanza de que los niños en el futuro, puedan volver a estudiar en un espacio digno para ello, contando con una comunidad educativa que recupere la motivación y la ilusión por la enseñanza.

Tras una pequeña sobremesa, recibimos la invitación de acercarnos a ver un partido de fútbol entre un equipo de la capital y otro de la zona. Allí estábamos Cuca y yo saludando en el centro del campo a los equipos con el coordinador del evento. Disfrutamos del primer tiempo porque teníamos que visitar nuestro último proyecto en la parroquia, el centro de formación de agentes de pastoral que tiene la diócesis aquí. Un centro, que este último año ya no ha recibido ayudas y que, a pesar de todo, se mantiene más cuidado que el resto de los proyectos visitados.

Nos retiramos a descansar la última noche en este lugar acogedor tan lleno de vida y fe.


Día 5. 2 de enero

Después de comer continuamos el viaje hasta la capital, Campala, por la carretera de la que hablaba el primer día, volviendo a sorprendernos la vida de sus márgenes. Al llegar, compartimos una cena india en la comunidad claretiana (tres de ellos indios) y una familia india de Uganda, que mandará a su hijo a estudiar al IE de Madrid para formarse y continuar con su proyecto de cultivos alternativos para la gente pobre.

Finalmente, nos retiramos a descansar a una casa de religiosas en formación que nos recibieron con todo el cariño y sencillez del mundo.

 

Día 6. 3 de enero

Hoy no hay mucho que contar. Un viaje y una visita.

Después de desayunar salimos en coche a visitar un terreno que tenemos los claretianos en Luweengo (a dos horas en coche). Se trata de 52 hectáreas que, actualmente, están explotadas por unos jóvenes que cultivan fundamentalmente maíz de forma muy rudimentaria. La idea es pensar un proyecto para rentabilizar el terreno y promocionar el desarrollo económico de las familias del entorno y en especial de sus trabajadores.


Día 7. 4 de enero

Hoy madrugamos con el gallo y después de desayunar, a las 6,30 abandonamos Luweengo para comenzar un largo viaje en coche hasta nuestra parroquia de Nyabwina.

Fueron siete horas de camino con una única parada. Al llegar al monumento sencillo que marca el ecuador geográfico, nos dimos cuenta de que, también, coincidía con el ecuador de nuestro viaje. Siete horas que pasaron entre conversaciones, risas y ratos de sueño, mientras de fondo sonaba la música india que nuestros compañeros claretianos indios pusieron para amenizar la monotonía del viaje.

 

Día 8. 5 de enero

A media mañana partimos para visitar una escuela pública que construyó PROCLADE en el terreno de nuestra parroquia de Rubaare. Pabellones de clases, servicios, internado de chicos y chicas, servicios y salón de usos múltiples.

Allí nos esperaban miembros del equipo directivo, un grupo de profesores, la asociación de padres y el representante de la pastoral parroquial. Un acto muy oficial para agradecer todo lo recibido y presentarnos el resultado final de lo construido, con cortado oficial de banda para inaugurar las instalaciones.

 

Día 9. 6 de enero

Después de desayunar, iniciamos un nuevo viaje para visitar los servicios de las escuelas públicas, la parroquia de katukuro y de cuatro aldeas más, que construyó Proclade. Al llegar, nos llamó la atención la buena construcción de la iglesia parroquial; después, supimos que una familia pudiente de la zona donó el terreno y los ladrillos.

Dos imágenes más nos llamaron la atención:

La primera: en la puerta de la iglesia había muchos niños esperando para la catequesis y al vernos nos rodearon llenos de alegría y nos miraban el color de los ojos y de la piel, frotando sus brazos con los nuestros, esperando coger algo de nuestro color. También, acariciaban el bello de los brazos y el cabello de la cabeza, admirados ya que ellos no tienen en los brazos y su pelo es corto y rizado.

La segunda: nos llamó la atención la cantidad de horas de ensayo para las confirmaciones de un grupo grande de jóvenes en plenas vacaciones. Nos comentaron que están casi todos en paro y que a cambio reciben la comida, por eso no escatiman tiempo. Esto, unido a la ilusión y a la calidad de sus voces, hace que el resultado sea sencillamente impresionante.

 

Día 10. 7 de enero

Partimos hacia Kampala.  Después de la comida y, sin tiempo de descanso, nos juntamos con los claretianos representantes de las diferentes comunidades para comentar las impresiones de la visita y sobre futuras propuestas de colaboración desde PROCLADE y Solidaridad y Misión.

 

Día 11. 8 de enero

Nuestro último día en estas tierras, antes de viajar a España de nuevo.

Nos acercamos a celebrar la eucaristía al santuario de los mártires de Uganda, que murieron quemados vivos por ser fieles a su fe y a su vocación. Un santuario arreglado y ampliado por la última visita a África del Papa Francisco. Un recinto repleto de gente vestida con sus mejores galas y participando con ganas de una liturgia muy cuidada, amenizada por el coro del santuario que con un teclado, una batería y sus voces llenaban toda la celebración. Una iglesia construida como una cabaña tradicional ugandesa que, por su estructura circular, unía a toda la comunidad en torno al altar.

Sólo quedaba preparar la maleta y descansar.

 

Día 12. 9 de enero

Ha sido una alegría poder celebrar la última eucaristía con las religiosas Hijas de la Caridad. Once hermanas sentadas en el suelo de la capilla, con su hábito característico. Once hermanas de distintas nacionalidades trabajando con los más pobres y acogiendo en su casa un orfanato con niños enfermos y abandonados.

El viaje hacia el aeropuerto fue un diálogo donde Mathew, el claretiano misionero, nos hablaba de la situación del país y de la gente con el realismo de quien lo vive a diario pero con la esperanza de quien trabaja con paciencia por mejorar su situación y hacer del evangelio un camino de valores que interioricen progresivamente.

Uganda un pueblo acogedor y profundamente religioso, vital, hospitalario, esperanzado y alegre. Un pueblo lleno de juventud (un 60% menores de veinte años) y recursos humanos y naturales.
Pero, también, un pueblo con graves problemas y dificultades y con un camino hacia adelante arduo y difícil.

  • Con una corrupción generalizada que no sólo afecta a los políticos aunque en ellos se hace muy evidente.
  • Una falta de compromiso político por la educación, la salud e infraestructuras básicas.
  • Una gran promiscuidad sexual que hace que muchas niñas queden embarazas entre los trece y dieciséis años, poligamia, paternidad irresponsable, proliferación de enfermedades de transmisión sexual, pérdida temprana de la inocencia, abandono de los estudios, abusos sexuales, etc.
  • Desinterés e indiferencia por el cuidado y limpieza de los espacios comunes.
  • Falta de ambiciones que les lleva a trabajar lo justo pensando en una economía de subsistencia y no de desarrollo global y comunitario.
  • Vivencia del presente sin mucha planificación del futuro.
  • Mezcla de religiones y tribus que a veces no favorece la convivencia social y familiar y les enfrenta más que les une.
  • El preocupante consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes (quizá motivado por la dureza de vida y un futuro incierto) que genera violencia y otros problemas.

En fin, una tierra que no deja indiferente y que cuestiona continuamente. Una tierra que siempre te hace preguntarte: si yo estuviera allí de misionero, ¿cómo sería mi vida?

 

Día 13. 10 de enero

Ya de vuelta a Madrid. Nos separan 24 horas de vuelo, esperas de la vida rutinaria y cotidiana que después de las vacaciones iniciamos. Desde el aeropuerto de Dubai, intentando vencer el aburrimiento y, entre sueño y sueño, en un asiento incómodo, quiero compartir el último comentario del viaje.

Al subir al avión, nos encontramos con diez niños y niñas de unos ocho, diez años que iban rumbo a Nueva York para bailar y cantar. Era la primera vez que subían a un avión y lo vivían con alegría y emoción. Les han repartido un juguete, una pizarra de imán y, al no saber que era, les hemos enseñado a utilízala.

Una niña abierta y dicharachera del grupo, hablaba con nosotros continuamente, con una sonrisa preciosa en los labios. Le pedimos que la estrenara y escribiera algo; nos quedamos mirando sin que se diera cuenta y nos sorprendió lo primero que escribió, porque es una muestra más de su vivencia de fe: "amo a Dios porque es grande".

Nos vemos a la vuelta. Un abrazo

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