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FILIPINAS RECUPERA LA VIDA QUE SE LLEVÓ EL TIFÓN

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Hace ya casi dos años que el super-tifón Yolanda (Haiyan) destruyó las islas de Visayas, en Filipinas. Dos años que se han hecho muy largos para los filipinos y las filipinas: el proceso de rehabilitación parece lento, todavía hay muchas familias sin techo, las estructuras están a medio terminar y los cultivos no terminan de recuperarse. Ante esta situación, la población sigue cuestionando cómo y dónde se ha empleado la enorme cantidad que el gobierno dice que ha dedicado a este proceso de ayuda y rehabilitación.

Pero como en todo buen desierto, siempre hay pequeños oasis. Y en Filipinas, uno de ellos está en Ormoc, una ciudad fuertemente afectada por el tifón. Allí, la comunidad claretiana cuenta con el seminario-Noviciado internacional, que se ha convertido durante este tiempo en referente de la población rural y lugar de acogida en los momentos más duros, pese a haberse quedado también sin techo.

Tras la primera ayuda de emergencia, la vivienda ha sido una de las primeras necesidades en la que empezaron a trabajar los Claretianos con ayuda de Fundación PROCLADE.  Para ello, se proporcionaron materiales de construcción a las comunidades rurales y se les entrenó para que, con ayuda mutua, pudieran reconstruir sus viviendas. “Se ha ido haciendo un gran proyecto de rehabilitación comunitaria que consiste básicamente en el empoderamiento de estas comunidades”, explican los Claretianos que han ayudado a reconstruir cerca de 530 viviendas, un 30% de las afectadas.

También se ha apostado por rehabilitar los cultivos que habían quedado prácticamente destruidos. Concretamente, lo más inmediato fue el cultivo de hortalizas, ya que servían a la vez de comida para la familia y producción de mercado. De esta forma se quería incidir en la lucha contra el cambio climático y la pobreza, y en la promoción de la seguridad alimentaria. Además, incluye oportunidades de empleo y generación de ingresos a través de la agricultura orgánica. Un proyecto que intenta recuperar la vida que un tifón les robó hace dos años.


 

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