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SER VOLUNTARIO COMO "SIGNO DE ESPERANZA"

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Ana Bedoya es una trabajadora incansable, aunque ella no quiera reconocerlo. Lleva siendo voluntaria de Fundación PROCLADE, junto con otras compañeras que también siguen hoy, desde sus inicios, hace 24 años. A sus 76 años, y después de una vida dedicada a los demás también en el terreno profesional (Ana trabajaba como auxiliar en un Colegio de Educación Especial), tras su jubilación, invierte también ahora su día a día a los otros.

Ana, son ya muchos años siendo voluntaria ¿no? ¿Cómo empezó todo?

Bueno, empecé en el año 1994. Hablando con un padre claretiano, le comenté que tenía una gran inquietud misionera y el me habló de la opción de vivir una experiencia de voluntariado internacional durante el verano. De este modo, me citaron para el primer encuentro de preparación y desde entonces…han sido 12 veces de voluntariado fuera de España y 24 años en total de voluntaria también aquí. El primer año fuimos a San Pedro Sula, en Honduras, y la verdad es que fue una experiencia muy bonita, pero si tuviera que recordar un año en especial, ese fue mi segunda experiencia en ese país. Fuimos a La Ceiba. Allí, sobre todo trabajamos dedicándonos y conociendo la labor de Pastoral Social y estuvimos en contacto con las Misioneras Cordimarianas. Visitamos las colonias de la periferia de la ciudad y fue así como conocimos no solo la realidad de ese lugar, sin sobre todo a gente tan entregada… en realidad la experiencia fue “fácil”, pero sobre todo fue muy enriquecedora.

A partir de ese momento, ya te sientes voluntaria. Es decir, que gracias a esta experiencia pones cara a la sensibilización, al trabajo que se hace desde aquí. Sobre todo conoces proyectos como fue por ejemplo el de Apadrinamientos destinado a niños desnutridos y así, conociendo todo de primera mano, cambia tu perspectiva, porque todo es muy cercano y estás en contacto directo con la gente.

¿En todos los años como voluntaria, aquí y allí, qué proyectos en los que te has visto implicada te han llamado más la atención y por qué?

Pues sobre todo, junto con el de Apadrinamientos, destacaría dos que encontré útiles y enriquecedores. Por un lado, el llamado “maestro en casa” en el que colaborábamos con maestros voluntarios que llevaban la educación sobre todo a adolescentes, padres y madres de familia con escasos recursos y que habían tenido que dejar de estudiar y que gracias a él podían lograr el graduado. Por otro lado, el proyecto de “Medicina Natural” que fue un empeño personal de la hermana Rita de las Cordimarianas, también fue estupendo, y además, con el tiempo ha sido uno de los programas con más éxito.

Pero en realidad todas las experiencias vividas han sido, en resumen, muy enriquecedoras, sobre todo por la gran motivación y fe de todos a los que llegábamos. La experiencia de esa gente, vivirlo con ellos.

¿Además de la experiencia de voluntariado en Honduras, sigues siendo a día de hoy voluntaria aquí?

Sí. Aunque las experiencias no son comparables, claro, también hacemos mucho aquí. Una de las cosas más interesantes del grupo de voluntarios en Madrid, y por la que he estado tantos años, es porque el ambiente ha sido siempre muy bueno, es un grupo muy heterogéneo con gente diversa y de diversas edades. Es especialmente interesante participar en los encuentros, en las reuniones y en las actividades especiales que se han llevado a cabo a lo largo de los años en muchos sitios: Ferraz, Colegio Claret de Madrid etc.

Aunque una de las actividades que más se lleva a cabo ahora y en la que más centrados estáis es la de Comercio Justo. ¿Crees que, gracias a ella, la gente está más sensibilizada?

Yo creo que sí. Para empezar por mí misma. Yo soy consumidora activa de comercio justo. Pero creo que la gente aún desconoce mucho lo que es el comercio justo. Habría que dar más charlas a la gente de lo qué es, porque sin conocimiento y no hay motivación y a la vez si la gente no está motivada no entiende.

Después de estos 24 años, ¿volverías a ser voluntaria?

Absolutamente. Porque lo que tú das, lo recibes. Compartir con los otros te enriquece mutuamente. Una vez me quise retirar, y recuerdo las palabras de un claretiano que me hicieron cambiar de parecer “hay que ser signo de esperanza”.

Ya acabamos…si te dijera Ana que “ojalá un día PROCLADE no tuviera que existir”, ¿Qué opinas de esta frase?

Que es demasiado ilusionante. Creo que hay también que pisar la realidad y no es tan fácil erradicar la pobreza. Hace falta aún mucha gente que trabaje para los demás. Y necesitamos voluntarios. Tenemos que tener también claro qué hacemos y por qué. Además, ante todo debemos pensar en nuestro ser cristiano. Lo que hacemos los demás se lo hacemos a Jesús y darte a los demás es un fruto del ser cristianos.

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