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DESPRENDERSE DE RIQUEZAS PARA VIVIR MEJOR

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Ayer, dio comienzo el período de Adviento. Ya os hemos presentado nuestro calendario de Adviento 2017, el de jóvenes y adultos, nos dice el 4 de diciembre que nos quitemos algún privilegio durante la primera semana. ¿Difícil, no?

Nos gustaría que hoy, para entender dicho gesto, leyerais el siguiente cuento de Anthony de Mello que se titula “El diamante”:

El sannyasi había llegado a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto llegó corriendo hasta él un habitante de la aldea y le dijo:

- “¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa!”

- “¿Qué piedra?”, preguntó el sannyasi.

- “La otra noche se me apreció en sueños el Señor Shiva”, dijo el aldeano, “y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la aldea, encontraría a un sannyasi que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”.

El sannyasi rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra. “Probablemente se refería a ésta”, dijo mientras entregaba la piedra al aldeano. “La encontré en un sendero del bosque hace unos seis días. Por supuesto que puedes quedarte con ella.”

El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre.

Tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al sannyasi y le dijo:

- “Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante”.

Aunque sabemos que la riqueza no da la felicidad, es cierto que ayuda. No hace falta irse muy lejos, en España, hay muchas familias que llegan a duras penas a fin de mes.

Sin embargo, el resto vivimos condicionados por la publicidad sobre nuestras necesidades. Queremos más y más. Y cada vez, nos cuesta más prescindir de cosas que ya damos por sentado. 

Por ello, os instamos a reflexionar, ¿te cuesta desprenderte de riquezas, de pequeños lujos o privilegios? 

Seguro que sí, es muy difícil. Nadie nos enseña cómo hacerlo.

Intentalo... Despréndete de la riqueza, aprende del aldeano. Tienes una semana para intentarlo y, si te ves con fuerzas, ¡todo el Adviento! 

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