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SI NO TIRAS LA COMIDA, COMBATES LA POBREZA

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“Comete todo lo que hay en el plato. Que encima hay niños en África que pasan hambre”. ¿Quién no ha escuchado esta frase en algún momento de su vida? Desde Fundación PROCLADE llevamos varios años trabajando ya en sensibilización e incidencia social y política para reducir el desperdicio de alimentos. Porque tenemos claro que #lacomidanosetira y que si no tiramos la comida, combatimos la pobreza. Y teniendo en cuenta que en todo el mundo se pierde o desperdicia un tercio de los alimentos producidos cada año para el consumo humano (aproximadamente 1.300 millones de toneladas), queda claro que todavía tenemos mucho qué hacer.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenibles nos recuerdan la necesidad de reducir este desperdicio. Concretamente en el número 12 (Modalidades de consumo y producción sostenible), Naciones Unidas se ha planteado como meta para 2030 reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos per cápita en la venta al por menor y a nivel de los consumidores. Así, reduciendo la comida que en nuestras casas acaba en la basura estamos poniendo nuestro granito de arena en el cumplimiento de ambiciosa Agenda 2030.

Subida de los precios

Todos ya sabemos que no se debe tirar la comida ya que hay millones de personas en el mundo que pasan hambre. ¿Significa eso que debemos enviar los restos de comida a los pobres? Para nada. El desperdicio de alimentos provoca un encarecimiento de los mismos. Cuando compramos comida de más, porque acabamos tirando parte de esa comida, ahcemos que productos básicos como el arroz o los cereales suban de precio. Así lo explica Tristam Stuart, un activista en la materia, que ha escrito el libro Despilfarro, en una entrevista de Oxfam [1]. En sus palabras:

“Cuando compramos comida, por ejemplo, pan, estamos interactuando en el mercado global del trigo. Las recientes subidas de precio de algunas materias primas como el trigo han sido provocadas en gran medida porque la demanda supera la oferta. Estas subidas de precio condenan a millones de personas al hambre. Si nosotros, en los países ricos, despilfarráramos menos pan y por lo tanto, compráramos menos trigo en el mercado mundial, quedaría más cantidad disponible para las personas en África y Asia, que pasan hambre, y que compran el trigo en el mismo mercado mundial.

Por lo tanto, para aquellas familias que sólo utilizan una parte mínima de su presupuesto familiar a la compra de alimentos, una subida de precios no es algo que desestabilice su situación; no es así para aquellas familias que pueden llegar a utilizar un 90% de su presupuesto familiar en comida.

A todo ello, hay que sumar también la cantidad de energía, recursos naturales, transporte... que requiere cada uno de los alimentos que llegan a nuestra mesa. Tirarlos a la basura sería como tirar todo ese agua, tierra, energía... que se ha utilizado para su elaboración.

Algunas sugerencias para evitar el desperdicio de alimentos

1. Planificar la compra y los menús de la semana. Comprar lo que comamos, y comer lo que compramos.

2. Consumir productos de temporada.

3. Fijarse en la fecha de caducidad. No sólo a la hora de comprar sino, también, a la hora de almacenar. Es posible que esté indicado la fecha de caducidad (momento en que su consumo no es seguro) o preferente (su consumo no significa ningún peligro, pero es posible que pierda calidad).

4. Comprar fruta fea.  Muchos productos son tirados antes de llegar a los mercados ya que tienen un aspecto imperfecto cuando no significa que esté mala, incluso, pueden ser más naturales.

5. Organizar bien el contenido de la nevera. Los productos que vayan a caducarse antes, es preciso colocarlos delante y los alimentos que caducen después, detrás.

6. Ajustar las raciones a lo que vayas a comer y servirte pequeñas cantidades.

7. Aprovechar las sobras. Hoy en día, existen numerosas páginas web que hablan de la cocina de aprovechamiento.

8. No tirar ciertos alimentos a la basura. La fruta que está pasada puede servir para hacer batidos de frutas o tartas; la verdura marchitada, para una buena sopa.

9. Utilizar el congelador. Congela las sobras de comida para otro día. Hay guías de qué se puede congelar y qué no se puede congelar. 

10. Fabricar tu propio compostaje y utilizarlo como abono en tu huerta o jardín.


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[1] http://www.oxfamintermon.org/es/editorial/entrevista/se-desperdicia-mas-...

 

 
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