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El lento resurgir de Haití

Julián del Olmo / Pueblo de Dios 05.06.2014

El 12 de enero de 2010 un terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter puso  a Haití en emergencia mundial. Los muertos se contaron por cientos de miles y los damnificados por millones. Esto sucedió en el país más pobre de América. Cuatro años después las secuelas de la tragedia todavía perduran en las personas  y en los edificios en ruinas, entre ellos la catedral de Puerto Príncipe  como monumento más emblemático. El resurgir de Haití está siendo demasiado lento a pesar de las ayudas. Muchas se quedaron en simples promesas y otras se perdieron en el camino. Los haitianos no pueden olvidar el pasado porque lo tienen muy presente. 

En Puerto Príncipe, capital del país, las heridas del seísmo aún siguen abiertas. Un ejemplo es el barrio de Nazón en el que murieron 118 personas y se arruinaron centenares de casas. El barrio tiene 8.000 habitantes y es uno de los más inseguros de la capital donde conviven delincuencia y droga. Los misioneros claretianos llegaron a Nazón, en  2003, para poner en marcha la parroquia de San Antonio María Claret. El terremoto hundió la iglesia y desde entonces las celebraciones religiosas se hacen en una carpa. Ahora se está reconstruyendo el templo porque antes los misioneros se dedicaron a atender las necesidades más urgentes del barrio. Con ayuda de la Fundación PROCLADE instalaron un depósito de agua potable, reconstruyeron viviendas y repusieron el tendido eléctrico. 

Campamentos y formación

Todavía quedan en el barrio tres campamentos de los 18 que montaron a raíz del seísmo. En un primer momento la parroquia distribuyó tiendas de campaña y alimentos  para que la gente sobreviviera en la emergencia. Los campamentos que quedan se han convertido en ghetos de pobreza institucionalizada con unas condiciones de vida tan miserables que los acampados  no nos dejaron entrar.

El seísmo acabó con todos los centros de formación de la Iglesiaque había en Puerto Príncipe. Las organizaciones religiosas se han puesto de acuerdo para construir un  centro común donde formar líderes religiosos y sociales. Los misioneros claretianos han pilotado el proyecto que se ha materializado en el barrio de Piblén, a las afueras de Puerto Príncipe. El sitio es ideal para el estudio y el retiro. El nuevo Centro de Formación Intercongregacional (CEFOI), con capacidad para 60 personas, ya está operativo aunque todavía faltan algunos remates. La dirección y gestión han sido encomendadas a los misioneros claretianos para quienes la formación del pueblo haitiano es una de sus prioridades pastorales.

Kazal

Kazal dista 40 kilómetros de Puerto Príncipe y dos horas en coche. Es la capital de una comarca de montaña con 20.000 habitantes repartidos en 42 comunidades. En el recorrido  encontramos a gente trabajando en el campo y niños que regresan andando de las escuelas lejanas. El terremoto también se dejó sentir en la montaña derribando casas y escuelas. El río Kazal que da nombre al pueblo es una torrentera en horas bajas a causa de la sequía. A falta de servicios, el río hace las veces de lavadero y baño públicos.

Como las escuelas de secundaria y el centro de salud de la comarca están en Kazal, los niños y los enfermos tienen que desplazarse hasta  aquí. Los enfermos vienen andando o en caballo y en los casos más graves en parihuelas, contando que hay comunidades que están a cuatro horas de camino. Esto explica que la gente quiera emigrar primero a Puerto Príncipe y después al extranjero. En 1999, los Misioneros Claretianos llegaron a Kazal para atender a las comunidades de montaña. La mayoría de la población es católica. La  religiosidad del haitiano está enraizada en el vudú, religión que sus antepasados trajeron de África y que ellos tienen como signo de identidad.

Escuela, radio y asociación

En Haití más de la mitad de la población adulta es analfabeta. Apenas hay escuelas públicas que solo llegan al 20 por ciento de la población infantil. El terremoto se llevó por delante a miles de escuelas. Desnutrición, orfandad y no escolarización son tres males crónicos que afectan gravemente a miles de niños haitianos. Para paliar esta situación, la mayoría de las misiones y parroquias ha abierto escuelas. La parroquia de Kazal tiene la escuela de San Miguel, con 300 alumnos de  preescolar, primaria y secundaria.

Los misioneros saben que  el desarrollo de los pueblos pasa por la escuela, la formación profesional y la universidad y en ello están, contando con sus escasos recursos.

 

Con ayuda de varias organizaciones, el 18 de marzo de 2007 se inauguraba Radio Kazal con una cobertura de 100 kilómetros a la redonda. Y desde entonces no ha dejado de funcionar. Radio Kazal es una emisora de servicio a las comunidades de la montaña. Hace información  y formación. Da noticias del país y sobretodo  locales. Informa de las campañas de vacunación, de los cortes de caminos por la lluvia y de las epidemias de cólera que van y vienen y conciencia a los padres para manden a sus hijos a la escuela.

En la montaña, los misioneros han promovido una Asociación de Campesinos y Campesinas para  trabajar conjuntamente la tierra y mejorar sus condiciones de vida.  El lema de la asociación es su declaración de principios: “Lucha de los campesinos del Oeste por el desarrollo”. La asociación tiene su sede en Kazal y cuenta con más de 500 socios que están ilusionados con su proyecto comunitario. La Asociación tiene cuatro programas: formación, agricultura, reforestación y economía solidaria a través del “banco de los pobres”. El banco consiste en 12 pequeñas cajas que hacen préstamos a los socios, hasta 120 dólares, para montar actividades comerciales. Un centenar de personas se está beneficiando de estos créditos rotatorios. La asociación tiene en proyecto la creación de un mercado campesino que la fundación PROCLADE quiere incorporar a la red internacional de comercio justo.

 

 

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