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En vísperas del Día del Cooperante

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Allí estábamos, los once, cinco en los asientos del "carro" (lo que aquí llamamos pick-up), y seis en la "paila" (la plataforma trasera para carga). Así viajan muchos en Honduras, cuando tienen la suerte de que alguien dé "jalón" (parar el carro para llevar a gente que va andando): se suben felices y apretados a más no poder en la "paila" y dan un golpe en el techo cuando han llegado a su destino y quieren bajar.

Éramos once cooperantes españoles, voluntarios de PROCLADE, la mayoría de Madrid. Ibamos felices, a descansar un poco después de una semana frenética de trabajo en Tela y en las Aldeas de la zona, en el Norte de Honduras. Conocer la realidad de aquellas gentes, tocar con la mano y el corazón su pobreza, su sufrimiento, pero también su esperanza y su solidaridad, compartir con ellos sueños, oraciones, alegrías, penas, inseguridades, ... ha sido una experiencia inolvidable.

Inolvidable también por el compromiso, la colaboración mutua, y la implicación de los que fuimos. Ha sido un verano intenso y duro, pero también hermoso e inolvidable. Muchas gracias, amigos cooperantes; muchas gracias, muchísimas, gentes y amigos de Honduras.

(Todos los veranos, Fundación PROCLADE organiza una experiencia de voluntariado internacional en países empobrecidos del mundo; además mantiene voluntarios cooperantes de larga duración en distintos lugares, ahora mismo en Bolivia)

1 comments

Efectivamente, ha sido una experiencia inolvidable.