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“Banca ética”, el oxímoron que gana adeptos

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En Fundación PROCLADE ya conocemos el proyecto de Banca ética FIARE; hemos caminado con él casi desde sus inicios, pero en esta aventura ética hay muchas personas que pueden descubrir que, desde el día a día de su dinero, también ellos pueden cambiar el mundo a mejor. Asturias es uno de esos territorios casi inexplorados y Fundación PROCLADE Asturias está inmersa en la aventura.

Este martes 21 de enero, nuestro coordinador Pablo del Valle, también socio de Banca ética FIARE, ha participado como ponente en una Charla-coloquio en el CMI Gijón-Sur y esta vez, gracias al boca a boca entre socios y colaboradores, la aparición en los medios de comunicación social, al buen hacer del personal del Centro Municipal y, por qué no decirlo, a la lluvia, la sala se llenó. “¡Han tenido que traer dos sillas más!”-me narraba desde su whats app Covadonga, voluntaria de Fundación PROCLADE Asturias, sentada entre el público.

Las cuarenta personas que, de forma más o menos casual, aterrizaron en la sala del Centro gijonés se volcaron con la presentación del Proyecto de Banca ética FIARE, preguntaron dudas, hicieron comentarios y algunos se quedaron después de acabada la charla-coloquio de hora y media de duración para seguir preguntando cuestiones más concretas y personales.

Y es que parece que entre la sociedad asturiana finalmente esto de la Banca ética comienza a ganar adeptos, bien en forma de socios, clientes o amigos y colaboradores. En la entrevista de diez minutos que la misma mañana del 21 de enero se le hacía a Pablo del Valle en la Cadena SER Gijón se hablaba del descontento de un importante sector ciudadano con la Banca tradicional, de la creciente necesidad de saber que nuestro dinero se invierte en crear (trabajo, igualdad, desarrollo, tejido social…) y no en especular y enriquecer a unos pocos.

Siendo sincera, no sé hasta qué punto la buena acogida de esta charla y la aparición de Banca ética FIARE en la radio y la prensa asturiana supondrán un cambio en el futuro del proyecto en Asturias, pero la tarde-noche del 21 de enero de 2014, sentada en mi sofá de palés, oyendo llover sobre el tejado, los mensajes que me llegaban de Covadonga me hicieron sentir que no era el agua de lluvia lo único que estaba calando nuestra tierra.