¿Te imaginas que tuvieses que huir de tu país, dejarlo todo e ir a otro lugar, lejos de todo lo que has construido en tu camino, porque tu vida corriese peligro? Tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu casa, tu barrio, tus sueños e ilusiones… Todo desaparece, y tu principal y única preocupación es seguir vivo o viva.

Esto es lo que viven cada día millones de personas en el mundo, que tienen que dejarlo todo atrás y buscar un refugio. Son las ‘personas refugiadas’, y este 20 de junio, como cada año, se recuerda a nivel mundial la situación que sufren.

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967 son los principales instrumentos legales que regulan la protección de las personas refugiadas. Uno de los principios fundamentales establecidos en el Derecho internacional es que los refugiados no deben ser expulsados o devueltos a las situaciones en las que sus vidas y su libertad puedan verse amenazadas.

Sin embargo, esto en la mayoría de ocasiones no se produce. A pesar del compromiso adquirido por los países de la UE de acoger al 33% de las personas que solicitan asilo, en España se han concedido únicamente el 5% de las solicitudes de asilo presentadas en el año 2020. Es decir, de las 88.762 solicitudes que se presentaron (personas que han huido de su país y han pedido a España que les proteja porque no pueden seguir viviendo allí) solo 5.700 fueron favorables.

En Fundación PROCLADE, trabajamos diariamente con personas que se han marchado de su país tratando de dejar atrás situaciones peligro, tales como persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual.

Una de ellas es Hyrami, de Venezuela. Trabajaba como funcionaria militar, pero después de varios años sufriendo extorsión y amenazas, tanto ella como su marido decidieron migrar a República Dominicana. Allí las cosas tampoco fueron fáciles, y tras dos años sufriendo también en este país, llegaron a España. Dejaron a toda su familia en Venezuela y, a lo largo de todo su viaje migratorio, primero en República Dominicana y luego aquí en España, gastaron todos su ahorros. Cuando llegaron a nuestro país solicitaron asilo. En todo este proceso, Hyrami ha sufrido mucho estrés y ansiedad, lo que ha derivado en problemas ginecológicos y pérdida de cabello. Actualmente y a pesar de su experiencia laboral pasada y su preparación, solo encuentra trabajos muy precarios en el sector del empleo doméstico y la limpieza, además de momentos de rechazo y racismo por parte de muchas personas. Hyrami nunca imaginó verse en una situación así, pero no pierde la esperanza en poder encontrar un futuro mejor aquí.

Por eso, en el Día de las Personas Refugiadas, hacemos un llamamiento a los gobiernos, agentes sociales, organizaciones y ciudadanía, cuya responsabilidad es crucial para poder acoger y ofrecer una vida digna a los 82,4 millones de personas en todo el mundo que se han visto obligadas a huir de sus hogares (ACNUR).

Irene Gil
Responsable de Acción Soial en Fundación PROCLADE