Muchas veces desde Fundación PROCLADE nos preguntamos si conseguimos que nuestro mensaje llegue a los más jóvenes. En un mundo en el que parece que los más vulnerables no son escuchados, todas las ONG buscamos llevar su voz a nuestros entornos de muchas maneras, sin muchas veces lograrlo como nos gustaría.

Por eso, hay acciones que parecen pequeñas pero son muy grandes. Y son especialmente grandes cuando las protagonistas son directamente esas jóvenes que serán mañana el futuro de nuestras entidades y el impulso de nuestro mundo.

Tres fueron las niñas que desde el Colegio Claret de Segovia, un día hace ya algunas semanas, por iniciativa propia, decidieron que querían hacer algo. Pero no cualquier cosa, querían hacer algo para que el mundo fuera un poco mejor. Y sin dudarlo se pusieron manos a la obra.

 Cogieron aquello que tenían, sus juguetes, aquellos que ya quizás no usaban tanto, pero que, en perfecto estado, podían tener otra vida a manos de otros niños y niñas, y crearon su propio “mercadillo solidario” gracias a la ayuda, también, de sus padres y madres.

El porqué, muy sencillo, como una de ellas nos dijo “porque juntos, y aportando todos, podemos hacer un mundo mejor”.

La experiencia a la que han calificado como “genial”, además, les ha servido para pensar en que, como ciudadanas globales, sus acciones aquí cuentan en todo el mundo. Una experiencia que como añade otra les ha “llenado mucho el corazón”, pensando que las horas que han estado allí “van a ayudar a alguien”.

Sus juguetes tendrán una nueva vida en manos de otros niños y niñas, contribuyendo así a crear un mundo más sostenible, reutilizando sus juguetes, y ,además, lo recaudado viajará con Fundación PROCLADE a otros lugares, donde otros niños y niñas también podrán, gracias a alguno de nuestros proyectos, hacer realidad otros sueños y, claro está, jugar.

Ante la pregunta de cómo animarían a que otros de sus compañeros y compañeras se decidieran a hacer acciones similares, las tres lo tiene claro, “diciéndoles que algunos niños lo están pasando mal y que se pongan en su lugar. Así comprenderán que tenemos mucha suerte con nuestras vidas”. Es decir, sencillamente, ponerse en el lugar del otro y sabernos afortunados con lo que algunos tenemos, para trabajar por un mundo más justo. Porque como ellas mismas también señalaban: “poquito a poquito se hace un montoncito”.

Gracias Julia, Blanca y Sofía por ser ejemplo de generosidad y solidaridad.