Hoy día 22 de abril conmemoramos a nivel mundial el Día Internacional de la Madre Tierra, que fue designado como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2009. En este día recordamos especialmente nuestro compromiso con el planeta, porque como bien nos dicen desde  la ONU: “los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra. De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Restaurar nuestros ecosistemas dañados ayudará a acabar con la pobreza, a combatir el cambio climático y prevenir una extinción masiva.[1]

Sin embargo, pese a que sabemos de la importancia de su cuidado,  más que nunca vemos como nuestro mundo sufre. La naturaleza sufre. La tierra sufre. El cambio climático, el calentamiento global, el COVID 19 resultado de la intervención del hombre en la naturaleza, así como la progresiva pérdida de biodiversidad, la deforestación, la intensiva producción agrícola y ganadera, los incendios incontrolados, la falta de agua…siguen siendo problemáticas presentes en nuestro día a día, en casi todos los puntos del globo.

 

 

La necesidad de cuidar de la madre tierra y luchar contra el cambio climático, es una realidad constante, y también constantemente desatendida. Así nos lo recuerdan los grandes organismos internacionales y, así nos lo señalan también específicamente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 a través de su objetivo número 13, que señala la importancia de “adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos” y también a través de los ODS 14 y 15 que inciden en la relevancia de “conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible” así como de “gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad”, respectivamente.

También el Papa Francisco a través de la Laudato Si nos reclama la necesidad de movilizarnos, porque: “para realizar esta reconciliación debemos examinar nuestras vidas y reconocer de qué modo ofendemos a la creación de Dios con nuestras acciones y nuestra incapacidad de actuar.” (LS 218)

La tierra llama por nuestra atención y todos, de modo individual y colectivo, debemos dar respuesta. Con nuestra voz y con nuestras acciones. Necesitamos promover una armonía real entre la naturaleza, el consumo y la madre tierra. Un compromiso común como seres humanos.

En este sentido, con nuestros proyectos, desde Fundación PROCLADE hemos buscado desde nuestra creación, hace ya 25 años,  trabajar en este cuidado constante, dando a todos las comunidades con las que colaborarnos las herramientas necesarias para que, de forma autónoma y sostenible, lleven a cabo sus propias acciones para la protección del medio ambiente y para luchar contra el cambio climático.  Un ejemplo, de este compromiso, por ejemplo, lo podemos encontrar en el trabajo que se está llevando a cabo en Cazale, Haití y que busca trabajar la sostenibilidad a través del fortalecimiento de la soberanía alimentaria de 13 comunidades rurales vulnerables de la zona.

Este es solo un ejemplo, peros si quieres ayudar a que desde Fundación PROCLADE sigamos haciendo posibles proyectos como éste, puedes colaborar con nosotros a través de este formulario (haz clic aquí). También  puedes apadrinar a un niño o una persona mayor a través de este otro (haz clic aquí).

[1] https://www.un.org/es/observances/earth-day